Agatha Christie

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Agatha Christie, la gran dama de las novelas de misterio

Nació en el seno de una rancia familia victoriana, en 1890. La autora inglesa más traducida –por delante incluso de Shakespeare– publicó su primer libro en 1920. Además de obras policiacas y de teatro, relatos y ensayos, escribió novelas de amor, de las que se sentía muy orgullosa.

Extravagante, reservada, imaginativa y viajera. Es la escritora de cuya producción bibliográfica más ejemplares se han vendido. Su obra, compuesta por unas 70 novelas, 150 relatos cortos, 19 obras teatrales, varios ensayos y una autobiografía, la convierte en un icono de la literatura universal.

La creadora de personajes como Hércules Poirot o Miss Marple nació el 15 de septiembre de 1890, en Torquay (Devonshire, Inglaterra). Su verdadero nombre era Agatha Mary Clarissa Miller Boehmer. Pertenecía a una rancia familia victoriana, cuyos padres, Frederick y Clarissa, estaban empeñados en otorgar a su descendencia la mejor instrucción académica posible.

Sin embargo, la prematura muerte del progenitor, en 1901, dejó a la familia sumida en la bancarrota, viéndose obligada a alquilar su residencia inglesa durante los veranos, mientras ellos viajaban a Egipto. Este país impregnó el alma de Agatha.

La futura escritora comenzó desde muy pronto a dar muestras de un espíritu bohemio que le acompañaría durante su interesante peripecia vital. En 1911 voló en un avión, cuando este asunto era propio de los excéntricos de la época. Más tarde conoció al apuesto Archibald Christie, un piloto de la Royal Flying Corps, con quien se casó absolutamente enamorada en 1914, año en que estalló la Primera Guerra Mundial.

Ella misma se alistó en el Cuerpo de Enfermeras. Fue destinada al laboratorio de un hospital, donde adquirió importantes conocimientos sobre toxicología, que más tarde le sirvieron para trazar los argumentos de sus libros más reconocidos.

Después del final de la contienda tuvo a su única hija, Rosalind, y en 1920 publicó su primera obra, El misterioso caso de Styles, donde aparece por primera vez el singular detective belga Hércules Poirot. La acogida de la novela fue magnífica, aunque solamente se vendieron unos 2.000 ejemplares, suficientes, en todo caso, para concebir la esperanza de ser algún día escritora profesional.

Poco después llegaron otras obras y los primeros ingresos económicos, que dedicó a la compra de un automóvil. En 1926, cuando ya gozaba de gran popularidad, recibió un duro golpe, además de la muerte de su querida madre: su marido había solicitado el divorcio. Se había encaprichado de Nancy Neele, una joven jugadora de golf que, sin pretenderlo, partió el corazón de la Christie hasta tal punto que sufrió un “shock” emocional, perdiéndose durante varios días. Fue hallada en un balneario, con nombre falso y con una amnesia de la que no llegó a recuperarse totalmente.

Sin embargo, esta mujer de carácter indómito pudo sobreponerse, en parte, debido a la publicación de El asesinato de Rogelio Ackroyd, la novela que la impulsó al éxito definitivo.

Cuando contaba 40 años decidió entregarse a su pasión viajera y, a bordo del tren Orient Express, se trasladó a Mesopotamia con la intención de visitar yacimientos arqueológicos. Fue allí donde conoció a Max Mallowan, un arqueólogo 15 años menor que ella, y que se convirtió en el gran amor de su vida. Juntos prospectaron los ecos de la historia antigua, lo que sirvió a la escritora de fuerte inspiración para algunos de sus títulos inmortales, como Asesinato en Mesopotamia o Muerte en el Nilo.

En 1939 Inglaterra quedó involucrada en la Segunda Guerra Mundial y el matrimonio tuvo que separarse. Max marchó al frente y Agatha volvió a ser enfermera, aunque siguió escribiendo con éxito, en algunos casos bajo el seudónimo de Mary Westmacott, nombre que usó para las novelas sentimentales de las que siempre se sintió orgullosa.

En 1952 estrenó su obra teatral “La ratonera”, desde entonces representada ininterrumpidamente, constituyendo, hoy en día, un récord sin parangón. Cabe comentar que, si bien Agatha Christie es una de las más fieles representantes del género detectivesco, en su extensa producción también se encuentran títulos inscritos en otros ámbitos literarios, incluida una deliciosa autobiografía titulada Ven y dime cómo vives, donde la británica muestra, a pesar de su natural timidez, una personalidad muy humana y sincera.

En 1971, la reina Isabel II —una de sus más encendidas seguidoras— le concedió la Orden del Imperio Británico por la difusión universal de sus libros. No en vano, era la autora inglesa más traducida, por encima incluso del mismísimo William Shakespeare, con unas ventas que superaban los 400 millones de ejemplares.

Falleció el 12 de enero de 1976, cogida de la mano de su esposo, Max. Una de sus frases más definitorias fue ésta: “No soy buena conversadora, no puedo hacer las cosas de prisa, me resulta difícil decir lo que quiero, prefiero escribirlo. Escogí la profesión justa”.

Published in: on enero 23, 2016 at 9:30 pm  Dejar un comentario  
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