John Wesley Hardin

john wesley

John Wesley Hardin, el mito de un pistolero llamado “Dedos fríos”

Nació en Texas en 1853. Hijo de un pastor metodista, empezó pronto su carrera como forajido: a los 15 años mató a su primera víctima. Sus 44 muertes –oficiales y su rapidez con el gatillo le convirtieron en una leyenda del lejano Oeste, por cuya cabeza se pagaban 40.000 dólares.

Fue uno de los héroes populares generados por el salvaje Oeste americano. Algunos lo calificaron como un ser inhumano carente de afectividad y siempre dispuesto a desenfundar antes que su oponente. No obstante, sus abundantes admiradores defendieron la nobleza, educación y gallardía de un hombre perseguido por el infortunio. El propio Bob Dylan le dedicó una canción en la que se decía: “No mató a nadie que fuese honrado”.

Este forajido nació en Bonham (Texas) el 26 de mayo de 1853. Era el segundo hijo del matrimonio formado por James Gibson Hardin y Maria Elizabeth Dixon, que tendrían ocho vástagos más. El padre era un pastor metodista muy acostumbrado al nomadeo por los condados de aquel nuevo Estado, en cuya bandera figuraba una estrella solitaria.

John fue rebelde como la tierra que le vio nacer, y sus progenitores pronto comprendieron que aquel hijo les daría más de un quebradero de cabeza: peleas en la escuela, broncas callejeras, fugas de casa… Cuando tenía sólo 15 años se cruzó en su vida un antiguo esclavo negro. Tras una trifulca, el adolescente desenfundó su pistola y disparó contra su adversario todo el plomo que pudo. Era su primera víctima mortal y, por desgracia, no sería la última. Después del asesinato, protagonizó una  sangrienta fuga cuando un grupo de soldados intentaba detenerle y escapó a galope.

En aquel tiempo juvenil mató a siete hombres en diferentes episodios, a veces por causa del juego; otras por su tremenda psicopatía. Acaso el capítulo más sangriento en su vida tuvo lugar en 1871, cuando se encontraba trabajando como cowboy al servicio de un ganadero llamado Chisholm.

Todo ocurrió en una venta cercana a la frontera con México. Los hombres de Chisholm buscaban a unos ladrones de ganado que, en esas semanas, merodeaban por las inmediaciones del rancho. Una noche aparecieron cinco mexicanos fuertemente armados y con apariencia de buscar camorra. Después del habitual cruce de improperios, los compañeros de Hardin optaron por rehusar el inminente combate. Sin embargo, John se encaró en solitario a los cuatreros. En un instante, los cinco  hombres se desplegaron hombro con hombro en línea recta ante la figura impasible   de Hardin, quien con sus Colt del 38 desató un infierno sobre aquellos infortunados, derribándoles mortalmente en escasos segundos.

Después de múltiples peripecias pudo al fin casarse con su primer y único amor: la hermosa Jane Bowen, con la que tuvo cuatro hijos, aunque en pocas ocasiones disfrutó del matrimonio y de la prole, dado que ya era el pistolero más buscado de toda Norteamérica. Su cabeza fue valorada en 40.000 dólares, una inmensa fortuna para aquella época.

Cientos de cazarrecompensas y sheriffs se pusieron manos a la obra en el intento de apresar a ese criminal que, con paso firme, entraba en la leyenda de la joven nación. Sin embargo, John era escurridizo, inteligente y letal, y durante otros tres años consiguió escapar de la Justicia. Todos hablaban de él como si se tratase de un fantasma, una visión espectral que recorría a sus anchas los estados del sur. Nadie parecía estar facultado para atrapar a John Wesley Hardin. Hasta que finalmente, el forajido más terrible del Oeste pensó que había llegado el momento de rehacer su vida y con su familia tomó un tren dispuesto a buscar fortuna en Florida.

Sin embargo, la fatalidad quiso que unos rangers de Texas viajaran en el mismo convoy y, tras reconocerle, le detuvieron. Era el 23 de julio de 1877. Atrás quedaban 44 víctimas oficiales, si bien se especuló que pudieron ser muchas más. Hardin fue condenado a 25 años de prisión, de los que sólo cumplió 17 por su conducta ejemplar. Durante su estancia en la cárcel obtuvo el título de abogado.

Después de recibir el indulto se estableció en la ciudad de El Paso, dispuesto a empezar de nuevo, esta vez como intachable ciudadano al servicio de la ley. Pero en la mañana del 19 de agosto de 1895, mientras jugaba tranquilamente a los dados en el salón de una taberna llamada Las Cumbres, recibía por la espalda el disparo mortal del “sheriff” John Selman, hombre al que presuntamente había sobornado para asesinar a un rival suyo.

De esa manera tan poco honrosa falleció uno de los mitos más famosos del lejano y salvaje Oeste americano. Su entierro costó 75 dólares que pagó una supuesta  amante. Su vida quedó inmortalizada en decenas de narraciones, canciones o películas, como la titulada Historia de un condenado, protagonizada por Rock Hudson. Su mortal Colt del 38 se puede contemplar actualmente en el Museo J. M. Davis Arms, en Oklahoma.

Published in: on enero 23, 2016 at 7:54 pm  Dejar un comentario  
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