Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán, la escritora aristócrata

Mujer feminista e independiente, vivió bajo los designios de un espíritu libre y adelantado a su tiempo.

Fue vanguardia del naturalismo narrativo en nuestro país, consiguiendo una prolífica colección de títulos que la consolidaron como autora de renombre. A pesar de ello, la intelectualidad machista de su época no consintió que accediera a un merecido sillón en la Real Academia de la Lengua.

Nació el 16 de septiembre de 1851 en La Coruña. Era la unigénita del matrimonio formado por José Pardo Bazán y Amalia de la Rúa, a la sazón condes de Pardo Bazán. Se trataba de una familia acomodada que poseía numerosas propiedades patrimoniales como el pazo de Meirás, lugar que con el tiempo se hizo muy popular al convertirse en la residencia veraniega del general Francisco Franco.

La pequeña Emilia recibió, como otras niñas de su condición social, una esmerada educación que pronto desatendió en aras de su prematura vocación literaria. Su  padre, hombre culto entregado por entero a la política de Estado, abrió para ella la espléndida biblioteca familiar, mientras que su madre la enseñaba a leer y a dejar a  un lado las sufridas tareas domésticas. De ese modo, descubrió el maravilloso mundo propuesto por los clásicos. En esos primeros años escogió como obras predilectas La Iliada, El Quijote y La Biblia. Estas lecturas, junto a las obras de otros autores inmortales como Plutarco, hicieron que abandonara los estudios de piano y solfeo para dedicarse por completo al arte de la escritura.

Mientras tanto, desarrolló una frenética actividad social como correspondía a una señorita bien y, en 1868, coincidiendo con la Revolución Gloriosa que destronó a la reina Isabel II, contrajo matrimonio con José Quiroga, quien por entonces estudiaba la carrera de Leyes. El matrimonio Quiroga-Pardo Bazán tuvo tres hijos, si bien se vio obligado a enfrentar numerosos obstáculos sentimentales provocados, en esencia, por el carácter indómito de una Emilia que no se resignaba a la desigualdad sexista imperante en España.

En ese periodo tan convulso, el conde de Pardo Bazán se desilusionó con la política e inició una serie de viajes con su familia y la de su hija por Europa, momento que la joven aprovechó para aprender inglés y alemán a la par que perfeccionaba el francés, lengua muy amada por ella y que le sirvió de mucho a la hora de adentrarse en los grandes autores galos. Fue en estos periplos europeos donde por fin decidió dedicarse por entero a plasmar historias en el papel y, con más tesón que nunca, concibió sus primeros textos.

En 1876 obtuvo su primer premio literario gracias a la obra El estudio crítico de Feijóo. Era el inicio de una incesante trayectoria creativa. Ese mismo año, y coincidiendo con el nacimiento de Jaime, su primer hijo, publicó el único poemario de su extensa obra. Al poco tiempo apareció su primera novela, Pascual López, con escasa repercusión entre la crítica y los lectores.

Quiso la casualidad que un problema hepático la llevara en 1880 al célebre balneario de Vichy. Allí, mientras recuperaba la salud, conoció el naturalismo de Emile Zola y trabó amistad con el escritor Victor Hugo, el cual la influyó notablemente en su actitud literaria. Tras recuperarse de sus dolencias, comenzó a colaborar con el periódico La época, y fue aquí donde publicó su relato Viaje de novios, considerado la primera narración con tintes de naturalismo en nuestro país.

Entre los años 1881-83 surgieron una serie de artículos en este mismo diario bajo el título La cuestión palpitante. En ellos, Pardo Bazán opinaba libremente sobre la impronta realista y naturalista, lo que desembocó en una sucesión interminable de críticas hacia su figura. Alarmado por la resonancia de este hecho, incluso su esposo la animó a retractarse públicamente y, lo que es más grave, le sugirió de forma enérgica que abandonase la escritura. Esto colmó la paciencia de la autora y, meses más tarde, el matrimonio se disolvió.

Emilia se sumergió desde entonces en su particular mundo de personajes y  escenarios, creando obras de mayor calado, como La tribuna, primera novela naturalista publicada en España. El argumento giraba en torno a los perfiles y mentalidad de las cigarreras que trabajaban en la fábrica de tabacos de La Coruña. En 1886 se publicó Los pazos de Ulloa, su más elogiada novela.

Feminista en un siglo inapropiado para ese talante, luchó para erradicar la desigualdad entre sexos y apostó de forma entusiasta por la mejora de la educación entre las mujeres. Tras su divorcio, mantuvo un hermoso romance durante 20 años con el escritor Benito Pérez Galdós, aunque no se volvió a casar jamás.

En 1890 murió su progenitor, por lo que heredó título y patrimonio y pudo fundar la revista El Nuevo Teatro Crítico, escrita en su totalidad por ella. Asimismo, fue la primera mujer en recibir una cátedra de Literatura en la Universidad Central de Madrid. Todos estos méritos, sin embargo, no fueron suficientes para recibir un  puesto en la Real Academia de la Lengua, asunto que amargó en demasía sus últimos años.

Emilia Pardo Bazán falleció el 12 de mayo de 1921 dejando atrás una interesante producción literaria que, en nuestros días, tribus urbanas como los góticos se encargan de recuperar, dado que la Pardo Bazán se ha convertido, por su estilo y vida, en uno de sus más reconocidos.

Published in: on enero 23, 2016 at 7:49 pm  Dejar un comentario  
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