Genghis Khan, fundador del imperio Mongol

Published in: on febrero 1, 2016 at 6:12 pm  Dejar un comentario  
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Gengis Khan

 

Gengis Khan, amo y señor de todos los oceános

Líder y guerrero. Convirtió una desorganizada tribu del desierto de Asia Central en una nación temible. Dominó Oriente y lideró el Imperio mongol con una política beligerante y expansionista.

Fue el hombre más poderoso del siglo XIII y su influencia perdura aún en nuestros días, lo que le hizo merecer, según el prestigioso diario norteamericano The Washington Post, la distinción de ser considerado el personaje más relevante del segundo milenio. Curiosamente, su verdadero nombre era Temujin, traducido como “forjador de acero fino”.

Los mongoles habían perdido en el siglo XII el tren del progreso. Profundamente desunidos, se agrupaban en torno a unas treinta tribus que combatían entre sí por el dominio de los territorios fértiles cercanos al desierto de Gobi. Su etnia provenía de la mezcolanza entre iranios y turcos. Por tanto, en contra de lo que pueda parecer, no eran parientes, ni lejanos, de los chinos, sus ancestrales enemigos.

Temujin nació en el clan de los Kiyad hacia el año 1167. Esta tribu pastoreaba en el ámbito geográfico por donde discurría el río Onon, situado a unos 320 kilómetros al noroeste de la actual capital de Mongolia, Ulan Bator. El original apelativo lo recibió como homenaje de su padre, Yesugai, hacia un líder de la tribu de los tártaros, capturado por él y de idéntico nombre. El futuro khan tenía el pelo rojizo, la tez blanca y los ojos verdes grisáceos.

Fue un niño feliz, siempre amparado por su madre, Hulun, de la que aprendió todo lo necesario para sobrevivir (muy pronto quedó huérfano de padre). Siendo adolescente, tuvo que luchar casi en solitario por la reivindicación de su liderazgo. Con una tribu menguada por la desconfianza hacia el joven, vagabundeó durante años hasta que encontró el apoyo decidido de algunos jefes. Pronto, su carisma y visión preclara sobre cómo debían ser las cosas para el pueblo mongol, le granjearon muchos afectos entre aquellos curtidos guerreros.

Con 13 años dejaba atrás la caza de marmotas para entregarse a su preparación como soldado. Su apariencia no obedecía a la edad que tenía: era alto y de complexión fuerte, destacaba en el tiro con arco, la lucha cuerpo a cuerpo y, sobre todo, en la doma y monta de caballos, su gran pasión.

El brillo del muchacho provocó el recelo de algunas tribus rivales, las cuales pusieron precio a la cabeza de aquel insolente que intentaba gobernarles. Fue entonces cuando Temujin encontró refugio en la tribu de los keraitas y en su jefe Toghrul Khan, quien además de amistad, le ofreció la mano de Burte, su hija más bella. El amor de la pareja fructificó con cuatro herederos que, años más tarde, asumirían el mando de todo el imperio conquistado por su progenitor.

Tras múltiples vicisitudes bélicas de las que salió triunfante, en 1206 fue convocada la Kurultai o asamblea de notables mongoles. En ella abandonó su nombre original para asumir el de Gengis Khan. La palabra gengis deriva del turco tingiz, que significa océano. Los mongoles mantenían la vieja creencia de que el mundo era una inmensa llanura rodeada por océanos. En consecuencia, ese título significaba que se convertía en emperador del mundo conocido y, por supuesto, señor de todos los océanos.

Después de la proclamación se entregó a la dura y afanosa tarea de organizar un país extensísimo, poblado por sólo unos dos millones de personas. Creó instituciones y códigos de leyes como el Yasa, donde se reunían las tradiciones de su pueblo, además de sus pensamientos e inquietudes sobre cómo debía gobernarse el territorio.

Gengis Khan organizó un auténtico estado en armas, movilizando a toda la población, incluidas las mujeres, a las que se dio un trato inusual para la época: les fue concedido el derecho a la propiedad privada, así como el de combatir, si fuera necesario. Las mujeres montaban y disparaban tan bien como los hombres y ejercían un papel fundamental en el concepto de familia.

En 1211, los mongoles acometían la difícil empresa de conquistar China. Era el inicio para la expansión definitiva del Imperio mongol. Desde Karakorum –en el Himalaya–, miles de hordas salieron determinadas a vencer y asimilar territorios. Durante años se extendieron imparables por toda Asia sometiendo países cercanos y remotos. Llegaron a la Europa oriental, donde derrotaron a los rusos. Desde Corea hasta Georgia, los asiáticos establecieron numerosos acuartelamientos y seguras líneas de comunicación que, a la postre, facilitarían el intercambio comercial y el mestizaje de los pueblos.

En el cénit de su poder, preparaba nuevas campañas cuando le visitó la muerte. Se dijo que falleció a consecuencia de la caída de su caballo mientras cazaba asnos salvajes. Lo cierto es que murió de tifus el 18 de agosto de 1227, postrado en la cama de su yurta y rodeado por sus hijos, a los que entregó verbalmente las últimas órdenes para que condujeran el inmenso imperio creado por él.

Existe mucha controversia sobre la posición exacta de su tumba. Según cuenta La historia secreta de los mongoles –libro escrito en 1240 para ensalzar su gobierno y sus gestas–, el emperador fue enterrado en un lugar secreto supuestamente cercano al monte Altay, en Siberia. En su viaje final, le acompañaron 40 doncellas vírgenes que fueron sacrificadas junto a sus mejores caballos. Muchos guerreros mongoles conocedores de la ubicación de la tumba se suicidaron junto a su líder y más de mil jinetes galoparon sobre la fosa hasta que el lugar quedó irreconocible.

El máximo esplendor para el sueño imperial de Gengis llegaría de la mano de su nieto Kublai, emperador de China y padre de la dinastía Yuan. Después surgirían innumerables kanatos o disgregadores que fragmentaron en cuatro territorios el que fuera mayor reino del medievo.

Published in: on junio 26, 2009 at 7:49 pm  Dejar un comentario  
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