Rosalía de Castro

Rosalía de Castro

Rosalía de Castro, la gran narradora de la añoranza gallega

Nació en una casa abandonada de Santiago de Compostela, en 1837. Sus progenitores fueron un sacerdote y una joven perteneciente a la burguesía campesina gallega. Figura clave en el renacimiento literario gallego, fue una adelantada a su tiempo, feminista y ecologista.

Enarboló la bandera de la modernidad literaria en un siglo hostil para autoras de su profundidad intelectual. Ecologista adelantada, sufrió con dolor los primeros movimientos migratorios gallegos,  mientras escribía en su lengua vernácula una miríada de sentimientos inundados por la nostalgia.

La máxima representante de las letras gallegas vino al mundo en Santiago de Compostela el 24 de febrero de 1837. A decir verdad, las circunstancias de su nacimiento no fueron las más recomendables, pues lo hizo en una casa abandonada de la ciudad compostelana y según su partida de bautismo fechada aquel mismo día, era hija de padres incógnitos.

Sus progenitores fueron, en realidad, el sacerdote José Martínez Viojo y María Teresa de Castro, una típica representante de la burguesía campesina gallega, quien intentó ocultar durante 10 años la existencia de aquella niña frágil e introvertida. En su tiempo infantil, la pequeña Rosalía vivió bajo la tutela, primero, de su madrina, Francisca Martínez, y luego de sus dos tías paternas, las cuales le procuraron una educación más que aceptable para la época.

Al fin, su arrepentida madre se reunió con ella para vivir juntas en Santiago unos años plenos de amor y complicidad en los que ambas recuperaron el tiempo perdido. La joven Rosalía destacó en las disciplinas relacionadas con las bellas artes,  sobresaliendo en pintura, música y declamación, asunto que la llevó a interpretar algún papel teatral en el compostelano Liceo de la Juventud.

Con 12 años escribió sus primeros versos, y siendo adolescente su valía ya era reconocida en los santuarios culturales de su ciudad. En 1856 se trasladó a Madrid, donde entró en contacto, gracias a su primer libro de poesía titulado La flor, con algunos círculos intelectuales de la capital. En estos ambientes se desenvolvían también pensadores y periodistas gallegos. Uno de ellos, Manuel Martínez Murguía, se fijó en la capacidad innata de la autora nobel y pronto trabó con ella una amistad que les condujo al altar de la iglesia de San Ildefonso el 10 de octubre de 1858.

Rosalía optó por la vida serena del matrimonio mientras publicaba sus primeros trabajos de relevancia con obras en prosa como “Flavio”, “La hija del mar”, “Ruinas” o “El caballero de las botas azules”. A la par llegaba su numerosa prole, hasta siete vástagos que, por desgracia, no sobrevivirían a su delicada madre, siempre a expensas de los estragos producidos por la enfermedad o la pena contraída al ver el difícil camino que la mujer debía transitar en aquel siglo convulso.

Rosalía mostró en sus libros un gran amor por la naturaleza y denunció situaciones provocadas por el abuso industrial que hoy serían catalogadas como atentados ecológicos. También vio con dolor la constante salida de Galicia de miles de personas en busca de una vida mejor. Eran los primeros emigrantes, a los que siguieron muchos más dejando atrás su tierra natal, embargados por la característica saudade gallega [nostalgia, añoranza] de la que Rosalía se convirtió en su más clara representante.

El 17 de mayo de 1863 publicó Cantares gallegos, uno de sus textos inmortales y escrito en su lengua madre. En sus páginas, Rosalía de Castro plasmó con maestría absoluta el sentir del pueblo gallego, siendo la oportuna voz que sus paisanos requerían en aquel contexto abrumado por las necesidades de toda índole.

Este luminoso poemario fue un suceso literario de alta magnitud que no encontró en su tiempo la repercusión que merecía. Sin embargo, no cayó en el olvido y, generación tras generación, llegó a ser referencia obligada de la gran literatura gallega, hasta tal punto que, en la actualidad, la fecha de su publicación es el Día de las letras gallegas, un claro homenaje a esta autora que tanto defendió los sentimientos intrínsecos de su tierra natal.

Rosalía era mujer reservada, su timidez quizá le impidió mayor resonancia social, aunque ella nunca quiso más fama que la de la existencia cotidiana entre los suyos.  En todo caso, esta vida familiar se mantuvo constantemente alterada por la precariedad económica o el trasiego por ciudades como Madrid, Vigo, Padrón o Simancas, lugar este último donde escribió la mayoría de los versos de “Follas novas”, obra publicada en 1880 que relanzó su actividad literaria. Cuatro años más tarde se publicaría En las orillas del Sar, considerada su obra cumbre en castellano.

Por entonces, padecía un devastador cáncer de útero que acabó con su vida el 15 de julio de 1885, mientras estaba en su casa de Padrón (La Coruña). Dicha residencia es, hoy, un bello museo en el que sus visitantes pueden percibir el cálido recuerdo dejado en la tierra por esta gallega universal.

Published in: on enero 23, 2016 at 7:24 pm  Dejar un comentario  
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